Espacios al aire libre en zonas públicas y privadas comienzan a enriquecerse con la instalación de esculturas que interactúan con el entorno integrando el arte en la naturaleza, en el paisaje que nos rodea, allá donde estemos.

Arte para exterior es una nueva línea de trabajo que pretende satisfacer la creciente demanda de esculturas al aire libre. De gran relevancia entre curadores y coleccionistas, ya cuenta con una importante representación en museos y fundaciones internacionales, tanto de gestión pública como privada.

Esculturas diseñadas para exponer al aire libre, para enriquecer espacios particulares y públicos. La galería de arte Lucía Mendoza ha reunido obras de artistas de reconocimiento internacional que podrán ser contempladas todo el año, interactuando con el entorno, reflejando el tiempo, jugando con los matices de colores y luces.

Rafael Canogar

Rafael Canogar es uno de los pintores abstractos españoles más reconocidos tanto nacional como internacionalmente. Quizá sea la de escultor una de sus facetas más desconocidas.

A principios de los años ochenta, su constante preocupación por reinventar su propia pintura le conduce a volver su mirada sobre la obra de sus antecesores, artistas ya entonces convertidos en reconocidos maestros en los que se inspira. Así surgen varias series de trabajos que son en sí una revisión de las primeras vanguardias históricas, rindiendo homenaje a Julio González, del que le cautiva la época en la que éste se ve irremediablemente influenciado por Pablo Picasso y en la que sus obras se tiñen de un claro carácter cubista que llega a transformar su concepción de la escultura.

Esta aventura escultórica difumina los límites entre la figuración y la abstracción y crea un lenguaje abstracto personal y diferenciador. Son muchas las instituciones que han expuesto su obra, entre las que destacan la retrospectiva realizada por el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofia en 2001.

“La nueva escultura no quiere, como antes, ser mero adorno alejado del paso y de la mirada. La nueva escultura quiere colocarse en el camino del hombre, ser una experiencia lúdica”

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Rafael Canogar, Máscara

Máscara, 2013. Acero corten, 107 x 90 x 75 cm

Martín Chirino,  El Viento Solano VI

El Viento Solano VI, 2009. Hierro forjado oxidado, 191 x 195 x 117 cm

Martín Chirino

Martín Chirino es, ante todo, herrero. Lleva toda la vida forjando hierro, comunicándolo con su tierra, con el viento, con las formas primarias y la forja.

La producción escultórica de Chirino ha tenido siempre como referente la unión de la naturaleza, que es la tierra en armonía y del mundo real, que se conectan a través de instrumentos como el arado y la reja, entendidas como prolongaciones del hombre.

El elemento constante en el trabajo de Chirino es la espiral. La representación alegórica del viento isleño de su Canarias natal, que se refleja en esta obra de exterior: El Viento Solano VI. Esta es una de las razones por las que sus esculturas al aire libre obtienen una dimensión excepcional. Su obra se exhibe en museos tan importantes como el Metropolitan Museum of Art o el Guggenheim de Nueva York.

“Es fácil dibujar o pintar sombras, pero el desafío para un escultor es materializarlas, darles un peso corpóreo”.

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Manuel Valdés

La trayectoria artística de Manolo Valdés es internacionalmente reconocida. La materia y el espacio es una reflexión constante en sus esculturas. Bucea en la historia del arte para recrear los temas que le inspiran los grandes maestros del arte como Matisse, Velázquez o Rembrandt. Para él, sus obras escultóricas están pensadas para tener vidas y personalidades distintas según cambie la estación del año. Por ello ha realizado tantas exposiciones individuales de escultura monumental al aire libre. Entre ellas destacan las de Park Avenue en Nueva York o la exhibición itinerante de 21 meninas que empezó en París, siguió en Zurich y terminó en Oviedo.

“Las obras de arte, artes plásticas, estas estructuras, no son nada si te las cuentan, tienen importancia si las ves”.

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Manuel Valdés, Mujer con sombrero de abanicos

Mujer con sombrero de abanicos, 2014. Aluminio, 400 x 600 x 300 cm

Manuel Valdés, Menina

Menina, 2007. Bronce, 170 x 130 x 87 cm

David Rodríguez Caballero, 08.AGOSTO.2013

08.AGOSTO.2013, 2013. Aluminio, 240 x 50 x 40 cm

David Rodríguez Caballero

La abstracción geométrica configura el universo plástico que este pintor y escultor navarro ha ido creando. Como ejes principales del mismo aparecen la luz y la materia. Rodríguez Caballero vive entre Madrid y Nueva York, donde tiene sus estudios. Llegó a la gran manzana en 1998 becado por el Gobierno Navarro y desde entonces ha conseguido becas en museos tan importantes como el Guggenheim o el MoMA. Su pintura dio paso de manera natural a la escultura, de ahí a la construcción de relieves, a esculturas de pared, para más tarde desembocar en exquisitas obras monumentales de exterior. Su obra está presente en numerosas colecciones internacionales como Fundación Coca Cola o la ISE Cultural Foundation (Nueva York / Tokio).

“Convierto un material de aspecto frío y distante en algo más poético y amable, más entendible y apetecible. La nobleza no se puede quitar, pero sí resaltarla o evidenciarla”.

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Diego Canogar

Escultor y grabador. Sus obras son como dibujos en tres dimensiones. La técnica, los materiales que emplea y la luz son los elementos que se ocupan de dar color a sus obras, él se ocupa de darles forma. La naturaleza se configura como su fuente de inspiración, así como la geometría. En sus esculturas, el contraste entre espacios vacíos o no juega con las texturas. Diego Canogar está presente en importantes colecciones y participa con regularidad en relevantes ferias de arte. De manera permanente, el Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid expone una de sus piezas en su jardín.

“Me apasiona mantener la curiosidad de un niño y el rigor de un ingeniero, porque no solo basta pensar qué deseas hacer, la otra mitad de la diversión es figurarte cómo hacerlo.”

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Diego Canogar, Esferas Ausentes

Esferas Ausentes, 2016. Acero corten, 165 x 123 x 80 cm

Diego Canogar, Tetramorfo

Tetramorfo perforado, 2013. Acero corten soldado, 420 x 200 x 154 cm

Manuel H. Mompó, Florero El Beso 4/7

Florero El Beso 4/7, 2005. Acero pintado, 54 x 52 x 108 cm

Manuel H. Mompó

Su obra está caracterizada por las formas abstractas e informalistas. Las letras que dibuja se acaban convirtiendo en garabatos y dan vida a un lenguaje propio y único. El pintor valenciano mantiene en todas sus piezas una estrecha relación con la luminosidad, esa claridad propia de la costa levantina que tanto ha fascinado a otros pintores como Joaquín Sorolla. En su trabajo parece que el espacio flota de una forma mágica. Para Mompó, que obtuvo el Premio de la Unesco en la Bienal de Venecia de 1968, pintar era como respirar: una función vital que se hace sin pensar.

“Mi obra se basa en la realidad, en todo eso vivo que está delante de nosotros, que nos rodea”. 

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Mar Solís

Ha basado su carrera en el equilibro y la investigación espacial. Las curvas y el juego de luces y sombras están presentes en todas sus esculturas. El dibujo es una herramienta imprescindible para esta artista. La misma línea que delimita el papel convierte a la vez el espacio en materia escultórica. Líneas quebradas al unirse forman espacios transparentes y, en el caso de su obra, en espacios transitables. Aunque ha trabajado el metal, el papel y la madera, ésta última ha sido a lo largo de su carrera más que un medium para su escultura; se ha convertido en significado e inspiración. Materia viva, delicada, que respira y se mueve, que tiene sus distintos tonos de piel, sus distintas durezas y, con todo ello, el reto de levantar, de erigir las piezas soportadas al final de unas finísimas patas. Jugar con la fragilidad del equilibrio, con la inestabilidad, con la fragilidad del material. Su obra pública está expuesta en lugares como Madrid, Laponia o Corea del Sur, y entre sus exposiciones individuales destacan la del IVAM de Valencia o la del Frost Art Museum de Miami.

“Cuando dibujo o fotografío hago escultura; podría decir que es una manera interpretativa, una manera de mirar”.

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Mar Solís, Rozando el cielo

Rozando el cielo, 2008. Acero inoxidable, 275 x 220 x 100 cm