Christian Voigt: El arte del asombro

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Christian Voigt trabajando

Hace algunos años, un monje budista contestó ante la petición de Christian Voigt: “Te dejaremos sacar fotos mientras comemos si después meditas con nosotros“. De esta manera recibió sin pretenderlo dos regalos. Además de tener el privilegio de participar en el día a día de la comunidad religiosa, consiguió captar una maravillosa imagen. “Durante el tiempo que pasé en el monasterio, aprendí a practicar la meditación mientras paseaba. Lo sigo haciendo hoy en día“ comenta el fotógrafo.

¿Acaso el viaje no es ya de por sí un regalo que ofrece la vida a aquellos que se permiten experimentar con lo que se presenta nuevo y desconocido, alejado de la comodidad de lo que pudiera resultar familiar? “Un viaje es como beber de la fuente de la vida“ declaró el poeta y dramaturgo alemán Friedrich Hebbel en el S.XIX Emana de las fotografías de Christian Voigt esa esencia envolvente, ese elixir de vida que causa un profundo impacto en el espectador.

A través de sus viajes, el fotógrafo afincado en Hamburgo, se las arregla para tomar imágenes que nos permiten contemplar el mundo con gran asombro. Es posible que esta capacidad de impresionar al espectador sea su mayor talento, el cual se asoma tras unas obras que transmiten una perfección cercana al hiperrealismo. Nos enfrentamos a sus imágenes como lo haría un niño viendo su primer espectáculo de fuegos artificiales y redescubrimos, por unos preciosos instantes, la gran capacidad que guardamos de sorprendernos en lo más profundo de nuestro ser.

Las fotografías monumentales de Christian Voigt nos hacen viajar a través de nuestros propios sentidos. Podemos empezar recorriendo un paisaje desértico en el que las dunas evocan un lugar mítico o mágico para encontrarnos de repente con un imponente templo del Antiguo Egipto. En estas imágenes, nuestros pensamientos cruzan continentes y culturas. Horizontes visuales que cortan la respiración se abren ante nosotros, y la autenticidad de la vida cotidiana conoce una nueva cultura de la estética visual. Con cada imagen, nos espera una nueva experiencia sensorial. Casi podemos oír el zumbido de las motocicletas por las calles de Vietnam al atardecer o el ritmo atropellado de la música en un club de Las Vegas, bañado por una luz rojiza, donde una stripper se contonea más allá de nuestras fantasías. Frente a las imagenes del mundo que nos ofrece Christian Voigt, nuestra mirada y nuestros pensamientos comienzan a deambular.

Ese Christian Voigt trotamundos, infatigable, extrae de sus viajes lo que podríamos denominar una cultura mundial concentrada. Gran entusiasta del formato XXL, por el poder que tiene de introducir a los espectadores en el corazón de la imagen. “Necesito esa dimensión enorme para capturar mis emociones. Cuando te sientas en frente del gran formato, el resultado es como ver pasar una película ante nuestros ojos, en estado puro“. Las obras monumentales de Voigt crean una atmósfera muy particular en cada sala sin esfuerzo. En estas imágenes, el ser humano aparece como un ente pequeño ante un elemento de escala superior, representativo de un lugar y de la actividad que allí se desempeña.

Este “cazador de grandes imágenes“ tiene ojo para capturar ritos culturales y momentos mágicos que, a lo largo de sus viajes, se filtran en sus imágenes y nos enseñan a compartir las emociones que en él despiertan. Y es que, si bien es cierto que la mayoría de sus fotografías conllevan una preparación larga, no es menos cierto que otras muchas surgen inspiradas por la espontaneidad del momento en el lugar donde él las encuentra.

Christian captura la belleza del mundo en imágenes“, dice con entusiasmo un mecenas californiano al ser preguntado sobre las razones que le llevan a coleccionar la obra del fotógrafo alemán. Sus fotografías son una exquisita aproximación visual a la definición de belleza. “Me encanta retratar la belleza“; dice el fotógrafo, una belleza que también puede encontrar en el caos de un mercado callejero asiático, por ejemplo. La belleza de estas imágenes está también en su precisión creativa, sus colores claros, vibrantes y sus composiciones perfectamente ejecutadas.

El universo de Christian Voigt ofrece al espectador una disposición perfecta de armonías y disonancias diseñadas bajo su buen criterio. Con la pasión que le caracteriza, compone complejas sinfonías para los ojos.

No le preocupa si estos lugares son fotografiados frecuentemente o si nunca lo han sido. “He sacado fotos de Central Park en Nueva York; allí ya se han sacado mil millones de fotos -dice Christian Voigt- no estoy preocupado porque sé que mi foto será diferente“. Pablo Picasso, gran genio del S.XX dijo una vez, “Algunos pintores transforman el sol en una mancha amarilla, otros transforman una mancha amarilla en el sol. Sin embargo, un pintor que transforma un punto amarillo en un amanecer es un artista“. Christian Voigt adora esta frase. Y empleando 30 capturas, transforma una sola foto en una imagen completamente enriquecida. Como resultado vemos un conjunto de obras diferentes, así reflejen una biblioteca antigua o cualquier detalle de la vida en tierras lejanas. Caos y orden, opulencia y simplicidad, todo visto por igual en un cosmos pictórico que nos muestra la polifacética naturaleza del mundo.

Tras la muerte de su padre, Voigt, descendiente de una familia alemana de editores de clase alta,  descubrió, mientras ordenaba sus cosas, ciertas fotografías que su padre había sacado durante sus viajes en los años 50. También encontró fotografías de los años 20 tomadas por su abuela y que mostraban el mismo talento familiar. Éstas y otras circunstancias hicieron que Christian Voigt se convirtiera en fotógrafo profesional que actualmente goza de gran reconocimiento internacional. “Casi parece como si hubiera cumplido el karma que ha pertenecido a mi familia durante dos generaciones“ dirá, sonriendo ante la idea.

 

Manfred Zollner Redactor jefe adjunto de fotoMAGAZIN 

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