Manolo Valdés

1942, Valencia

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Perfil IV, 2017. Collage, 122x93 cm
Perfil IV, 2017. Collage, 122x93 cm

Perfil IV, 2017. Collage, 122x93 cm

Mujer con sombrero de abanicos, 2014. Aluminio, 400 x 600 x 300 cm

Mujer con sombrero de abanicos, 2014. Aluminio, 400 x 600 x 300 cm

Mariposas, 2016. Bronce policromado, 117x187x81 cm
Mariposas, 2016. Bronce policromado, 117x187x81 cm

Mariposas, 2016. Bronce policromado, 117x187x81 cm

Menina. Bronce, 170 x 130 x 87 cm

Menina. Bronce, 170 x 130 x 87 cm

Helechos, 2016. Alabastro, madera policromada y hierro, 55x90x32 cm
Helechos, 2016. Alabastro, madera policromada y hierro, 55x90x32 cm

Helechos, 2016. Alabastro, madera policromada y hierro, 55x90x32 cm

De Cranach a Lichtenstein I, 2002. Grabado y collage sobre papel, 32,5 x 25 cm

De Cranach a Lichtenstein I, 2002. Grabado y collage sobre papel, 32,5 x 25 cm

De Cranach a Lichtenstein III, 2002. Grabado y collage sobre papel, 32,5 x 25 cm

De Cranach a Lichtenstein III, 2002. Grabado y collage sobre papel, 32,5 x 25 cm

De Cranach a Lichtenstein XI, 2002. Grabado y collage sobre papel, 32,5 x 25 cm

De Cranach a Lichtenstein XI, 2002. Grabado y collage sobre papel, 32,5 x 25 cm

De Cranach a Lichtenstein XV, 2002. Grabado y collage sobre papel, 32,5 x 25 cm

De Cranach a Lichtenstein XV, 2002. Grabado y collage sobre papel, 32,5 x 25 cm

Perfil IV, 2017. Collage, 122x93 cm
Mujer con sombrero de abanicos, 2014. Aluminio, 400 x 600 x 300 cm
Mariposas, 2016. Bronce policromado, 117x187x81 cm
Menina. Bronce, 170 x 130 x 87 cm
Helechos, 2016. Alabastro, madera policromada y hierro, 55x90x32 cm
De Cranach a Lichtenstein I, 2002. Grabado y collage sobre papel, 32,5 x 25 cm
De Cranach a Lichtenstein III, 2002. Grabado y collage sobre papel, 32,5 x 25 cm
De Cranach a Lichtenstein XI, 2002. Grabado y collage sobre papel, 32,5 x 25 cm
De Cranach a Lichtenstein XV, 2002. Grabado y collage sobre papel, 32,5 x 25 cm

Biografía

Pintor y escultor español. En 1957 ingresó en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos.Ya en los primeros trabajos ejecutados al poco de dejar la Escuela -formalmente deudores de un agonizante expresionismo abstracto-, el joven Valdés demostró una capacidad creadora y una habilidad técnico-formal fuera de lo habitual. En 1962 presentó un conjunto de obras en ese estilo en la Galería Nebli de Madrid, en la que supuso su primera exposición individual.

Asimismo, a principios de los años sesenta, Valdés, junto con los artistas Gorris, Juan Antonio Toledo y Rafael Solbes, entre otros, y el historiador del arte Tomás Llorens, constituyó el grupo Estampa Popular de Valencia. En un momento en el que el país se abría a la economía de mercado, el citado grupo abogó por redefinir el papel del arte y del artista en el marco de esa España en pleno proceso de transformación. Para ellos, las nuevas expresiones artísticas, además de hacerse eco de esa naciente situación socioeconómica, debían tomar en consideración el lenguaje y los recursos visuales procedentes de los medios de comunicación de masas.

En 1964 Manolo Valdés, Rafael Solbes y Juan Antonio Toledo se escindieron de Estampa Popular y formaron el Equipo Crónica. Un año después Toledo abandonaría el proyecto y éste quedaría, hasta la muerte de Solbes, en 1981, en manos de los dos primeros. El Equipo Crónica, influido por los debates generados en el seno de Estampa Popular, surgió como una crítica al individualismo y a la imagen romántica del artista genio. De ahí la idea de disolver la personalidad de los artistas bajo un nombre colectivo y, a la vez, anónimo. Desde el primer momento, y en un sentido parecido al formulado por el pop art inglés y norteamericano, el Equipo Crónica consideró que las imágenes, ya provenientes de la alta cultura ya de la cultura de masas, eran esencialmente un vehículo comunicativo. Para ambos artistas, una imagen procedente del cine, el cómic o las revistas ilustradas tenía idéntico valor que una reproducción gráfica de una pintura de Velázquez, Van Gogh o Picasso. Este maridaje compositivo, lejos de ser un atractivo juego visual, será la estrategia a través de la cual el Equipo Crónica proyectará su mirada irónica, cuando no crítica, sobre la realidad de la época. 

En 1981 falleció Rafael Solbes. La primera exposición que realizó en solitario fue en la Galería Maeght de Barcelona en 1982. Presentó un conjunto de pinturas y esculturas en las que había reelaborado el famoso Retrato de la reina Mariana de Austria de Velázquez.

A lo largo de los años ochenta, Valdés fue incorporando un nuevo sentido del tratamiento pictórico que lo alejó progresivamente de los modos de hacer heredados de su etapa en el Equipo Crónica. Aunque seguiría inspirándose en las grandes obras de la historia del arte, la narratividad o el gusto por la ironía y lo anecdótico fueron desapareciendo en pos de una pintura cada vez más densa y esencial. A través de ese reencuentro con la textura y la materia, sus trabajos se acercaron técnicamente a los de pintores informalistas como Millares, Tàpies, Burri o Dubuffet. Asimismo, también en esos mismos años, la escultura fue ocupando un papel cada vez más relevante dentro de su producción. Aunque la madera sería el material que con más profusión trabajaría, no rehusó explorar las calidades táctiles y formales del plomo, el zinc, el granito, el alabastro.

En 1989, buscando nuevos estímulos creativos, se trasladó a Nueva York, ciudad en la que ha seguido viviendo y trabajando. En lo sustancial, a lo largo de la década de los noventa, Valdés continuó con esa línea de trabajo basada en la asimilación y reelaboración de objetos y de obras de arte. Hay en estos años una presencia cada vez mayor de motivos provenientes de la vida cotidiana. Pero esos objetos -al igual que las vasijas griegas del Metropolitan Museum, o los picassos y matisses del MOMA, o los velázquez y zurbaranes del Museo del Prado- serán sólo pretextos con los que tejerá sus obras, pretextos que lo llevarán a reflexionar sobre el arte en sí mismo, sobre sus formas, texturas, materias y colores. Entre octubre de 2002 y enero de 2003, el Museo Guggenheim Bilbao le dedicó una de las retrospectivas más importantes que se hayan hecho hasta el momento. La exposición, comisariada por Kosme de Barañano, mostró una selección de las pinturas y esculturas más significativas de sus últimos veinte años de trayectoria artística.

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