Farreras

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610 A, 2003. Relieve 80 x 100 cm

610 A, 2003. Relieve 80 x 100 cm

Sin Título, 1994. Relieve 35 x 25 cm

Sin Título, 1994. Relieve 35 x 25 cm

656 A, 2004. Relieve 40 x 31 cm

656 A, 2004. Relieve 40 x 31 cm

106 B, 2008. Collage 18 x 18 cm

106 B, 2008. Collage 18 x 18 cm

77 B.P.F., 2003. Relieve 43 x 33 cm

77 B.P.F., 2003. Relieve 43 x 33 cm

C, 1975. Collage 50 x 65 cm

C, 1975. Collage 50 x 65 cm

51 B, 2003. Relieve 40 x 30 cm

51 B, 2003. Relieve 40 x 30 cm

19 B, 2002. Relieve 40 x 30 cm

19 B, 2002. Relieve 40 x 30 cm

929 A, 2010. Relieve 36 x 36 cm

929 A, 2010. Relieve 36 x 36 cm

940 A, 2010. Relieve en madera, 19 x 19 cm

940 A, 2010. Relieve en madera, 19 x 19 cm

610 A, 2003. Relieve 80 x 100 cm
Sin Título, 1994. Relieve 35 x 25 cm
656 A, 2004. Relieve 40 x 31 cm
106 B, 2008. Collage 18 x 18 cm
77 B.P.F., 2003. Relieve 43 x 33 cm
C, 1975. Collage 50 x 65 cm
51 B, 2003. Relieve 40 x 30 cm
19 B, 2002. Relieve 40 x 30 cm
929 A, 2010. Relieve 36 x 36 cm
940 A, 2010. Relieve en madera, 19 x 19 cm
  • Artistas Participantes: 

    Francisco Farreras

  • Fecha:  22.04.2014 - 22.06.2014
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Francisco Farreras, pequeño formato, intenta acercar al espectador a una selección de obra que pertenece a distintas épocas del artista y muestra varias de las técnicas que él ha empleado a lo largo de todos estos años.
Paseando por la memoria, tratando de reunir datos y recuerdos, repasando anteriores exposiciones, observando sus cuadros, nos damos cuenta de que la trayectoria de Farreras es simplemente impecable.

Desde aquellos primeros collages, en los que se aprecia la ductilidad y transparencia que le facilita el papel seda que, salpicado de una gama cromática escueta aunque rica en matices, juguetea con la natural oxidación del papel y el efecto de la cola fresca; los posteriores coudrages que convierten los volúmenes, sugeridos hasta entonces, en reales gracias a la creación de estructuras de madera cubierta por telas; hasta llegar a los relieves cuyas formas dan lugar a una interesante conversación entre luces y sombras por cuyos rincones se cuela el óleo, en los que su técnica madura y se recrea en la madera, empleando con más asiduidad el color e incorporando distintos materiales que enriquecen la obra; en cada etapa de su desarrollo su trayectoria es tan coherente que realmente no necesita explicación.

Su trabajo sugiere la posibilidad de que su intuición le guia a través de los materiales, a través de los años, consiguiendo un lenguaje tan extremadamente ágil que consigue que las palabras sean absolutamente innecesarias.
Tan sólo debemos dejarnos llevar y la obra misma nos relatará su intención, nos hará ver cómo los collages evidencian una intimidad que aunque los coudrages traten de olvidar, los relieves en madera se encargan orgullosos de realzar sin temor.
El silencio del autor da paso a la intensa locuacidad de la obra.