Stefano Bonacci. La distancia necesaria | La Vanguardia

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Stefano Bonacci. Mano nera

Con el rubro indicado, La distancia necesaria, hasta finales de febrero, Lucía Mendoza presenta la primera individual entre nosotros de Bonacci, que en veinte años de trabajo profesional ha logrado superar las fronteras, exponiendo en Holanda, Reino Unido, Dinamarca, Alemania, Chipre y España.

Aunque la galería es reciente, Lucía Mendoza pertenece a una familia arraigada en el arte y ha trabajado con su padre, Manuel Mendoza, ligado a la promoción del Paso y a Juana Mordó. Desde hace dos años escasos, Lucía tomó las riendas de su galería, mostrando maestros del Paso o su entorno, como Canogar y Farreras, y a jóvenes de su generación. Participa en ferias nacionales e internacionales y disfruta de crédito crítico.

Hay hoy la costumbre - en algunas de forma grosera y en otras, más taimada - de entregar una nota en las galerías, escrita por el autor y sin su firma, o por algún comisario independiente, que te indica cómo tienes que mirar y qué ver. Y me parece un error formidable y un menosprecio a la capacidad del espectador. ¡Si la entrada es libre, que la mirada también lo sea! A la salida, que faciliten información no está mal, pero sin condicionar al visitante. Aquí no hay notita, pero hay cactálogo, mejor leerlo después de ver la obra.

¿Qué se muestra? Objetos, pinturas, técnicas mixtas sobre papel o escayola o lienzo, esculturas. Dibujos, cerámicas, terracotas, geometrías exentas, fotografía. Presencia heterogénea con la consigna de huir del caos, para situarse en un orden propio. La carga conceptual se equilibra con el peso plásticos, aunque lo mejor siempre viene con un pizco de surrealismo o un guiño neodadá.

Infinitamente más interesantes las esculturas y los objetos, la pieza articulada con hilos de poliéster y madera, que las manchas de lacas sobre lienzo. En la Máquina de los espejos, Cosmos, Verso infinito, Venus de los colores, Opera B, Mano negra, hay una visión unitaria, exergónica, que se aleja de lo convencional. Hay transgresión y osadía, equilibrio y delirio, un no saber que acaba aleccionando, convocando.

Stefano Bonacci (Perugia, 1971) estudia en la Academia de Bellas Artes de su ciudad natal, ampliando conocimientos en Winchester School of Art del Reino Unido, haciendo un curso con Allan Kaprow en la Fundación Ratti. En el 2014, se le concede la beca de la Fundación Pollock-Krasner. Desde 1995 ha participado en numerosas exposiciones colectivas y en veinte individuales.

Ahora reúne una selección de obras, fechadas entre el 2000 y el 2015, que podría haber sido más nítida sin esa mezcla arbitraria y esa ocurrencia de la pintura fragmentaria, que nada aporta. El resto de la obra está por encima y tiene una frescura y una profundidad notables. Precios: de 1.800 a 15.000 euros.

Noticia de: La Vanguardia

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